Siguiéndome

Al llegar a mi casa, y precisamente en el momento de abrir la puerta, me vi salir. Intrigado, decidí seguirme. No sé a dónde me llevaba ni que intentaba. Íbamos por la calle principal del barrio, pero enseguida se metió por una calle secundaria. Una vez cogido su ritmo, me pude fijar en él, tenía el pelo como un ovillo enredado y la barba de dos meses, parecía el yo de hace tres años.  También llevaba esa camiseta de rayas horizontales, que solía ponerme en esa época y que ahora no lo haría ni muerto, me trasmite malos recuerdos. No entendía muy bien de que iba todo esto. No podría tratarse de una alucinación pues no había causa alguna, hace mucho que ya no consumía.

SIGUIENDO

Pero…  ¿Y si fuera exactamente el yo del pasado? ¿Y si fuese un intento de decirme algo? Tras este debate interno, perdí el ritmo. Su paso era bastante ágil y costaba seguirle sin llamar la atención, esquivando todos los obstáculos urbanos que se me presentaban. Temía que si se girase y me viera, acabase esfumándose como Eurípides en la oscuridad.

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No sabía que las margaritas podían decir No

Te encontré fortuitamente sobre un mosaico de color verde acompañado de otras plantas llamado césped, humedecido por el rocío de las frescas mañanas del verano. Te hallabas apartada del resto, porque eras una margarita distinta. Pronto cogimos confianza, nunca creí que llegaría a este punto con una flor (puesto que las relaciones ente las flores y yo no están hechas para mí)

Al tiempo me rechazaste, pasaron los meses y me rechazaste por segunda vez. Yo lo comprendí. Me dijiste que no, que no querías que te arrancase un pétalo para quedármelo como recuerdo. Supongo que sería porque te haría daño o porque no querías que me llevase una parte de ti conmigo, no lo sé, pero ahora ya no importa.
Pasó un año y me dijiste que había otro ser que se encargaba de olerte todos los días. Un animal, una persona, una bacteria, un…… no lo sé, no sé qué ser porque nunca me especificaste, como siempre callaste posteriormente sin decir palabra sobre el asunto.

margaritasTodo me pilló por sorpresa, porque no sabía que las margaritas podían decir NO y tampoco sabía que podían elegir quién era el ser adecuado para olerlas. Ahora entiendo y sé que yo no era ese ser, no me preguntes ¿por qué?,  no sabría qué decirte, simplemente lo sé. Lo que pasa es que antes no lo veía, quizá porque me quedaba hipnotizado por el color blanco de tus suaves pétalos que absorbían todo el blanco que pudiera crearse en mi cabeza para que así yo siempre tuviera ideas, pensamientos, creaciones… ¡eras mi inspiración! (siempre te lo decía susurradamente y tú no me creías)

Pero ahora me doy cuenta de que no me gustan las margaritas en verdad, de que tu blanco no era el autor de mis creaciones o ideas, sino que era yo (simplemente que no me quedaba en blanco porque estaba a gusto contigo, feliz con la idea de que algún día te olería), de que verdad no tenías olor, y que una vez más se confirma que las relaciones entre las flores y yo no están hechas para mí.

Pero en parte te doy las gracias porque me enseñaste cosas, cosas que han aportado algo a mi existencia. Creí que nunca me olvidaría de tu color blanco, pero el tiempo lo ha borrado todo. Y ahora me fijo en otros colores y en otros seres, porque ya no me gustan las margaritas con pétalos blancos como la nieve.

Fmdo: esa abeja que tú ya sabes