El poeta frustrado. El final

Por fin comprendió porque su creatividad comenzó a dormirse, de dónde nacía tal ausencia. Acto seguido, cogió la primera chaqueta que vio, metió el papel en un bolsillo, cogió las llaves y salió a la calle con paso ligero. Se digirió a la casa de Cayetana,  paró enfrente de su cuarto, el más aislado deavion_balcón la casa. Sacó ese trozo de papel escrito e hizo un avión como aquel del día que la conoció. Lo lanzó a la ventana, rebotó contra el cristal y cayó en el balcón. No debió de hacer mucho ruido, pues Cayetana no se acercó al balcón. Entonces Gerardo cogió una piedra pequeña del suelo, y la lanzó. Esa vez sí que Cayetana se percató del ruido porque en seguida apareció por el cristal. Con los ojos achinados tardo un rato en ver a Gerardo, sonrió con cara de sorpresa al verle y abrió el balcón. Él indicó con su brazo la presencia del avión, ella le dirigió inconscientemente la misma mirada que puso aquel día que hablaron por primera vez. A medida que iba leyendo su sonrisa fue reduciéndose como una goma que vuelve a su estado original. Cuando terminó de leerlo, se quedó con la mirada suspendida en el papel, no sabía si tomárselo como un halago o todo lo contrario. Después le miró a él con los ojos desconcertados mientras intentaba tragarse un nudo que se le creó en la garganta y se dio cuenta que no estaba bien. Tenía los puños llenos de sangre y de heridas, los ojos rojos e hinchados y varios chichones en la frente.

-¿Qué pasó amor mío?- preguntó sin levantar mucho la voz llevándose las manos a la boca. -¿Te ha pegado alguien?- Él negó solo con la cabeza. –Voy curarte, ahora mismo bajo- salió corriendo como una liebre que huye.

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