miradas


 

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No sabía que las margaritas podían decir No

Te encontré fortuitamente sobre un mosaico de color verde acompañado de otras plantas llamado césped, humedecido por el rocío de las frescas mañanas del verano. Te hallabas apartada del resto, porque eras una margarita distinta. Pronto cogimos confianza, nunca creí que llegaría a este punto con una flor (puesto que las relaciones ente las flores y yo no están hechas para mí)

Al tiempo me rechazaste, pasaron los meses y me rechazaste por segunda vez. Yo lo comprendí. Me dijiste que no, que no querías que te arrancase un pétalo para quedármelo como recuerdo. Supongo que sería porque te haría daño o porque no querías que me llevase una parte de ti conmigo, no lo sé, pero ahora ya no importa.
Pasó un año y me dijiste que había otro ser que se encargaba de olerte todos los días. Un animal, una persona, una bacteria, un…… no lo sé, no sé qué ser porque nunca me especificaste, como siempre callaste posteriormente sin decir palabra sobre el asunto.

margaritasTodo me pilló por sorpresa, porque no sabía que las margaritas podían decir NO y tampoco sabía que podían elegir quién era el ser adecuado para olerlas. Ahora entiendo y sé que yo no era ese ser, no me preguntes ¿por qué?,  no sabría qué decirte, simplemente lo sé. Lo que pasa es que antes no lo veía, quizá porque me quedaba hipnotizado por el color blanco de tus suaves pétalos que absorbían todo el blanco que pudiera crearse en mi cabeza para que así yo siempre tuviera ideas, pensamientos, creaciones… ¡eras mi inspiración! (siempre te lo decía susurradamente y tú no me creías)

Pero ahora me doy cuenta de que no me gustan las margaritas en verdad, de que tu blanco no era el autor de mis creaciones o ideas, sino que era yo (simplemente que no me quedaba en blanco porque estaba a gusto contigo, feliz con la idea de que algún día te olería), de que verdad no tenías olor, y que una vez más se confirma que las relaciones entre las flores y yo no están hechas para mí.

Pero en parte te doy las gracias porque me enseñaste cosas, cosas que han aportado algo a mi existencia. Creí que nunca me olvidaría de tu color blanco, pero el tiempo lo ha borrado todo. Y ahora me fijo en otros colores y en otros seres, porque ya no me gustan las margaritas con pétalos blancos como la nieve.

Fmdo: esa abeja que tú ya sabes


 

La tía Asun se enamoró solo una vez en la vida

Ocho de la mañana. Hoy no voy a clase. Hoy se supone que es un día triste, a pesar de que no me siento así, pero está estipulado que debe ser así, porque voy un funeral. Ha muerto mi tía Asun. Cuando llegué realmente había pocas personas llorando. Y eso me hacía sentirme culpable porque estaba en un entierro y no me sentía triste a pesar de ver un familiar ahí tumbado con los ojos cerrados. Pero en parte, sé que no era del todo culpa mía sino de la relación distante que mantenía con esa mujer vieja, soltera y amargada que llamaba tía.

destaque1_tia-asunCuando terminó el funeral mi familia y yo nos dirigimos a su casa para recoger sus cosas, y a mí me tocó la habitación de invitados y su habitación. Primero hice la habitación de invitados y fue horrible, las motas de polvo inscrustradas junto con las telarañas ya formaban parte de la decoración . Una vez acabada esta primera habitación, cansada, me dispuse a terminar de una vez por todas con su habitación. Era aún peor, el doble de grande y sucia, que hizo que me enervara aun más. Mientras estaba empaquetando sus cosas personales… refunfuñaba: -¿por qué diablos tenías yo que hacer esto?, ¡pringar un jueves en una casa vieja cuando realmente podría estar haciendo algo mucho más interesante!, porque apenas la conocía, ¿qué había hecho ella por mí?- De repente abrí el armario de ropa, me quedé anonadada porque había más cajas que ropa, tan solo tenía cuatro camisas, tres faldas y poco más. Entonces aparqué mi enfurruñamiento para llenar mi cabeza de ¿Cómo había acabado así?¿Qué había pasado en su vida para que terminase así, sola amargada, “pobre”, teniendo como única familia a nosotros? En ese barullo de pensamientos, interrogantes sin respuesta aparente, me di cuenta de que entre todas las cajas de cartón que contenían recibos, cartas del banco, periódicos viejos…… había una caja distinta, pequeñita, de metal, que captó toda mi intención. Hizo que paralizase mi labor de ordenar y recoger, para centrarme en ella, para matar mi curiosidad viendo lo que había dentro.

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Así que no tardé un segundo más en abrirla. En su interior albergaba unas hojas amarillentas acompañadas de unas motitas de polvo. Pensé que serían unas cartas, pero esa primera impresión se desvaneció en el momento que me dispuse a leer para darme cuenta de que en realidad era un diario, solo que no estaba en el formato al que estamos acostumbrados. Fue escrito en el 53, cuando ella más o menos tenía 28 años.

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