La tía Asun se enamoró solo una vez en la vida

Ocho de la mañana. Hoy no voy a clase. Hoy se supone que es un día triste, a pesar de que no me siento así, pero está estipulado que debe ser así, porque voy un funeral. Ha muerto mi tía Asun. Cuando llegué realmente había pocas personas llorando. Y eso me hacía sentirme culpable porque estaba en un entierro y no me sentía triste a pesar de ver un familiar ahí tumbado con los ojos cerrados. Pero en parte, sé que no era del todo culpa mía sino de la relación distante que mantenía con esa mujer vieja, soltera y amargada que llamaba tía.

destaque1_tia-asunCuando terminó el funeral mi familia y yo nos dirigimos a su casa para recoger sus cosas, y a mí me tocó la habitación de invitados y su habitación. Primero hice la habitación de invitados y fue horrible, las motas de polvo inscrustradas junto con las telarañas ya formaban parte de la decoración . Una vez acabada esta primera habitación, cansada, me dispuse a terminar de una vez por todas con su habitación. Era aún peor, el doble de grande y sucia, que hizo que me enervara aun más. Mientras estaba empaquetando sus cosas personales… refunfuñaba: -¿por qué diablos tenías yo que hacer esto?, ¡pringar un jueves en una casa vieja cuando realmente podría estar haciendo algo mucho más interesante!, porque apenas la conocía, ¿qué había hecho ella por mí?- De repente abrí el armario de ropa, me quedé anonadada porque había más cajas que ropa, tan solo tenía cuatro camisas, tres faldas y poco más. Entonces aparqué mi enfurruñamiento para llenar mi cabeza de ¿Cómo había acabado así?¿Qué había pasado en su vida para que terminase así, sola amargada, “pobre”, teniendo como única familia a nosotros? En ese barullo de pensamientos, interrogantes sin respuesta aparente, me di cuenta de que entre todas las cajas de cartón que contenían recibos, cartas del banco, periódicos viejos…… había una caja distinta, pequeñita, de metal, que captó toda mi intención. Hizo que paralizase mi labor de ordenar y recoger, para centrarme en ella, para matar mi curiosidad viendo lo que había dentro.

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Así que no tardé un segundo más en abrirla. En su interior albergaba unas hojas amarillentas acompañadas de unas motitas de polvo. Pensé que serían unas cartas, pero esa primera impresión se desvaneció en el momento que me dispuse a leer para darme cuenta de que en realidad era un diario, solo que no estaba en el formato al que estamos acostumbrados. Fue escrito en el 53, cuando ella más o menos tenía 28 años.

Contaba que harta de la vida que llevaba, sin ningún rumbo, llena de rutina, decidió marcharse porque era joven y no quería seguir llevando esa vida, quería cambiar. Así que hizo las maletas y se fue a La India, de voluntaria. Aterrada por la locura que había hecho movida por los impulsos que su padre siempre le reprochaba, pero que no se arrepentía en absoluto. Sabía que no sería nada fácil, pero que era algo que tenía que vivir, no sabía porque exactamente pero lo sabía.

Dormía en una casa de acogida, tenía que compartir habitación con 2 personas más: una australiana y otro español. De tal modo que se sintió arropada por el hecho de que había alguien que hablase su lengua. Ella sabía un poco de inglés pero muy básico, así que con el que más se relacionó fue con el español. Tenían una larga jornada laboral en la que cada día de la semana se dedicaban un sector distinto, un día el campo, otro la escuela.… Pero apenas hablaba de su labor en estos escritos, sino que hacia hincapié en su relación con el español. No paraba de escribir cosas sobre él, anécdotas con él, los chistes que éste le contaba etc. Hasta que ella misma se dio cuenta que pasando los meses allí y por todos sus escritos, se había enamorado de él. Él se llamaba Eduardo, de un pueblo de la Mancha, estudió derecho en Madrid y llevaba año y medio en La India.

asun-escribiendoNo paraba de escribir sentimientos pasionales que éste le incitaba, pero ella no sabía si realmente Eduardo sentía algo por ella o un simple cariño propio de una amistad. Hasta que una noche ella decidió confesar lo que sentía, a pesar de las fatales consecuencias que se podían derivar y esa fue la noche que la marcó. La noche que hizo que en la última etapa de su vida fuera así de fría y amargada. Él le dijo que no podía ser, que él no estaba hecho para tener algún tipo de relación, que si no se casaba era porque nunca había conocido a alguien que realmente le cayese mal para someterle a esa tortura. Y él, después de este gran palo para mí tía Asun, remató diciéndole que se marchaba dentro de dos semana, porque su experiencia allí había acabado. En esas dos semanas ella intentaba buscar las explicaciones a los motivos que él le dio, pero no los encontraba hasta que el día en el que él se marchaba los halló. Cuenta que nunca se olvidará de aquel momento en el que él le abrazo con todas sus fuerzas, la besó y se marchó por la puerta sin decir adiós porque no podía articular palabra alguna por el esfuerzo que hacía para sujetar las lágrimas y hacerse el tipo duro. Estaba lloviendo, abrió el paraguas, se puso el sombrero que siempre le acompañaba en todas sus aventuras, miró a mi tía con los ojos bañados en lagrimas pero sin que le escapase ninguna, y su miraba denotaba una expresión de hasta siempre Asun y se marchó. Y mi tía Asun jamás volvió a ver a aquel hombre apuesto con sombrero que andaba bajo la lluvia seguramente llorando a cántaros porque ya no había nadie por quien fingir.​

Y ella escribe que a partir de ese beso, comprendió todo: que se había enamorado de un desconocido. Y eso era justo la explicación de porqué ella no había entendido antes los motivos de don Eduardo. Se había enamorado de alguien que realmente no conocía tras haber pasado un año juntos más de 12 horas diarias. Se había enamorado de un hombre cuyo pasado era desconocido, tan solo su relación se había basado en hablar de cosas que pasaban en el presente o en un pasado muy reciente.

Era desconocido para ella en el sentido de que ella sabía: que el se llamaba Eduardo pero no porque le habían puesto sus padres aquel nombre, (que en aquella época todos los nombres se ponía para recordar a otro ser querido o algo sobre el estilo), que nació en un pueblecito de Guadalajara, pero no sabía realmente en cuál y si nació ahí porque sus padres son de allí, o porque sus padres se conocieron allí o porque… sabía que era huérfano d

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e padre porque murió en la guerra civil, pero no sabía si murió como soldado o como civil bombardeado, o… sabía que había estudiado derecho y que nunca ejerció como tal, pero no sabía porqué estudio esa carrera y cual era el motivo que hizo que no ejerciera tal profesión que sus esfuerzos le había costado. Sabía que llevaba un año y medio en La India pero no para qué fue… y un montón de cosas que ella ansiaba por conocer pero que nunca las sabrá. Le conocía pero sabiendo cosas que cualquiera podría saber.

Cuando regresó a España, ya no volvió a ser la misma, se convirtió en esa mujer amargada, solitaria que yo conocía. Ese viaje le cambió la vida, el hecho de haberse enamorado de alguien con solo conocerle un 10 %, de haber encontrado al hombre que con tan poco le hizo experimentar sentimientos no existentes en su persona anteriormente, le bastaba para saber que no había otro. Que nunca llegaría a enamorarse por segunda vez, ni tercera ni cuarta… porque ya se había enamorado del hombre de su vida y resulta que era un desconocido.

Cuando terminé de leer toda esa pila de hojas con hermosas palabras cautivas durante años, empecé a llorar muchísimo. Miles de pensamientos, sentimientos recorrían todo mi cuerpo desde la cabeza a los pies. Desde ese momento, me arrepiento de mi actitud con mi tía, de no haberla preguntado nunca sino simplemente limitarme a lo más fácil, juzgarla. Saber que quizás podría haber oído esta increíble historia de primera fuente me entristecía o lo que es peor aún me daba rabia. También si lo hubiese sabido de antes la hubiera ayudado a no sentirse así.

Ya se había hecho de noche y teníamos que regresar a casa. Mi madre cuando vio mi rostro humedecido y los ojos rojos como el tomate me preguntó si estaba bien, le contesté que sí, que había sido un día muy largo. Le dije que fueran yendo, que yo los alcanzaba. Me quedé sola en esa casa solitaria, concretamente en su cuarto, cogí aquella cajita que ahora tan valiosa para mí y me despedí: –Adiós tía Asun, siento haber tardado en darme cuenta lo apasionada que eras en realidad, pero bueno al menos ahora sé que eras una persona completamente diferente a la que conocí, que te habías enamorado aunque solo una vez y de un desconocido-.

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